«Pero… ¿le gustan los guisantes?»

guisantes

¡Buenos días!

Hoy vamos a hablar de algo importantísimo, conectar con los demás. pero no de cualquier manera, hacerlo de forma profunda y no superficial. Seguro que ya lo haces a diario con tus amigos o familiares, pero mucho menos con quienes no lo son porque aun no has pasado el tiempo suficiente con ellos, o aquellos con los que a diario compartes muchas horas, por ejemplo tus compañeros de trabajo, clase, etc.

Siendo este el tema (conectar con los demás de forma real) quizá te sorprenda el título que he elegido. No parece que tenga mucha relación, pero la tiene. ¡Voy a explicarlo ahora mismo!

La frase «pero… ¿le gustan los guisantes?» es muy conocida en mi casa. Mi hermana y yo la hemos oído miles de veces, casi siempre cuando llegábamos a casa y contábamos que teníamos una súper-nueva-mejor amiga, o nos gustaba un chico de clase. Mi madre escuchaba nuestra historia, para luego preguntar «¿pero ya sabes si le gustan los guisantes?». A mí me desesperaba la preguntita y estoy segura que a mi hermana también, porque casi nunca sabíamos si le gustaban los guisantes a esa persona tan especial que acababa de entrar en nuestras vidas. ¿Cómo íbamos a saberlo? Ni que fuera ese el tipo de pregunta que se hace frecuentemente, y menos al chico que te gusta.

Para mí la pregunta era desesperante porque no entendía qué tenía que ver con lo que estaba contando. No entendía a qué se refería mi madre, sobre todo porque en alguna ocasión sí sabía la respuesta (por casualidad) y entonces me hacía otra nueva pregunta. «¿y sabes… ?». No entendía nada, claro.

Ahora con el tiempo, entiendo a qué se refería. No se trata de saber si los guisantes le gustan o no, se trata de saberlo todo sobre esa persona, o al menos mucho más de lo que yo sabía de mi amiga o del chico guapo de 3º A. Con esas edades (y me atrevería a decir que también de adultos) no le damos importancia a los detalles, pero están ahí y hacen que una relación normal se convierta en una relación maravillosa. Como decía, no se trata de saberlo todo de alguien, pero sí lo suficiente para conocer a esa persona a fondo y ser capaz de entenderla.

Hace una semana tuve que trabajar durante 3 horas en un sitio distinto al que suelo estar, con 2 compañeros totalmente desconocidos. En menos de 30 minutos ya sabía si les gustaban los guisantes. Fue fácil, íbamos a pedir unas pizzas para comer juntos y pasamos de compartir si nos gustaban los champiñones, a describir nuestros gustos gastronómicos con bastante detalle. Sonreí recordando las palabras de mi madre. Unas horas más tarde sabía muchas más cosas de ambos: que mi compañera tiene una niña maravillosa, y mi compañero es un loco de los juegos de ordenador. Ellos aprendieron de mí que me encanta la última tecnología pero al mismo tiempo tengo la casa llena de consolas retro. En 3 horas, creamos una «relación» basada en mucha información; información que a menudo no tenemos de las personas con las que pasamos mucho más tiempo a diario.

Mi madre me ha enseñado a prestar atención a las cosas importantes de los demás; le da importancia a detalles de las personas que todos obviaríamos. Es una persona con gran inteligencia emocional, que conecta de forma especial con los demás. ¡Al menos con los que permiten que se conecte con ellos! A veces hace preguntas que nadie se atrevería a formular, que pueden parecer impertinentes, y eso no lo tolera todo el mundo; pero es la forma de llegar al fondo de alguien. Para poder acercarte a una persona necesitas conocerla, y eso implica conocer sus sentimientos y su forma de gestionarlos. Para ella, conversar con alguien debe conllevar hablar de sentimientos, situaciones, momentos especiales. No le interesa que hayas comprado un vestido rojo para una boda, sino por qué lo elegiste, qué te hizo sentir, a quién quieres impresionar y por qué. Es distinto a lo que estamos acostumbrados, ¿verdad?

El resumen de todo esto, es que dediques tiempo a las personas que te rodean, des importancia a cada detalle de sus vidas, y construyas tus relaciones sobre esa base amplia de información. Cada detalle, por pequeño que sea, lleva una historia maravillosa detrás. Nosotros como personas estamos formados por ellos, detalles que explican cómo somos y por qué somos.

Y a ti… ¿te gustan los guisantes? A mi sí, no es mi plato favorito pero me gustan; sobre todo con jamón y sal. MMmmMmm… Se me hace la boca agua.

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