¿Alguna vaca que limite tu vida?

vaca

¡Buenos días!

Los que seguís la página en Facebook, sabéis que el sábado estuve en un curso de «Educación Emocional» en Madrid. Fue toda una experiencia, muy enfocada al aula y a la educación formal en el colegio, y a la actitud de maestras y profesores que deberían prepararse a conciencia para dar lo mejor de sí en su clase.

No haré publicidad de la empresa que lo hizo, pero si os interesa podréis encontrar multitud de cursos de este estilo introduciendo el nombre en vuestro buscador. Lo que sí diré, porque me encantó, es el nombre de la formadora, Mar Romera. Una mujer con una energía y una fuerza palpables, y con grandes capacidades de comunicación y motivación que consiguió poner en pie a 600 personas al terminar la formación.

Poco a poco iré desarrollando muchas de las ideas de las que hablamos el sábado, pero por algún sitio hay que comenzar, ¿no? Hoy voy a compartir contigo un cuento precioso, sobre motivación y superación.

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Cuentan que en un país lejano, vivían un maestro y un aprendiz. El aprendiz ya conocía la mayoría de cosas que deben ser conocidas, pero necesitaba completar su formación conociendo otros lugares del mundo. Ambos, aprendiz y maestro, se embarcaron entonces en un maravilloso viaje.

Después de un camino lluvioso, pararon en una modesta casita que apenas se tenía en pie. La familia que vivía en ella era aún más humilde que su techo, contando con un padre, una madre y 3 hijos. No tenían apenas para cenar excepto un poco de leche, pero aún así decidieron compartirlo con los viajeros.

El maestro preguntó cómo conseguían mantenerse con vida con tan poco, y el padre le explicó que su único sustento era una vaca. Cada noche la ordeñaban, y a la mañana siguiente vendían la mitad de la leche que obtenían. con el dinero, compraban alimento para la vaca, y utilizaban la otra mitad de leche para alimentar a toda la familia.

Aprendiz y maestro se entristecieron al oír esa historia, y se marcharon a dormir.

En mitad de la noche, el maestro despertó al aprendiz. Ambos salieron y enfrente de la vaca, el maestro le pidió al aprendiz que se la llevara de aquella casa, y la tirara por un barranco. El aprendiz no entendía por qué, pero hizo lo que su maestro le pedía. Después se marcharon y siguieron su camino.

Después de un año, el aprendiz seguía pensando en aquella situación, y le pidió a su maestro que pasaran por aquella casucha antes de volver a casa. Quería saber qué había pasado con la familia que vivía en ella después de perder su única pertenencia.

Su primera sorpresa fue descubrir una casa más grande y estable, con un jardín cuidado y una imagen impecable. Pensó que la familia habría tenido que mudarse y viviría allí otra familia más adinerada.

Preguntó qué había pasado con la antigua familia a un muchacho que descansaba en el porche, y éste contestó que ellos vivían allí desde siempre. Entonces le explicó que su vida había sido muy humilde hasta el año anterior; habían perdido la única vaca que tenían, y pensaron que su vida se acababa. Pero enseguida se dieron cuenta de que debían hacer algo para solucionarlo, y empezaron a trabajar duro. A partir de ese momento sus vidas mejoraron porque por fin tenían un objetivo y algo por lo que luchar.

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Espero que te haya gustado la historia, y como siempre digo, hayas encontrado una valiosa enseñanza en ella. En el curso del sábado, la formadora usaba esta historia para decir que a veces «necesitamos que tiren nuestras vacas por un precipicio». Así es; nos acomodamos en la vida que tenemos sin darnos cuenta, aunque no nos guste del todo. Es lo que se llama nuestra zona de confort, de la que es durísimo salir. Pero a veces, es imprescindible para mejorar y ser más felices.

Tú decides: seguir viviendo con tus vacas, las cuáles te limitan en tu camino, o tirarlas por un precipicio y obligarte a mejorar y descubrir nuevos caminos. ¿Qué vas a hacer?

www.sinhaberloplaneado.com

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