¿Síndrome post-vacacional?

fresas_chocolate

¡Buenos días!

¿Cómo han ido esas vacaciones? ¿Estás ya de vuelta, no te has ido aún, o te pillo tostándote en alguna playa? Espero que sea lo que sea, hayas disfrutado del mes de agosto que está a punto de terminar, y estés con las pilas cargadas y con ganas de empezar septiembre. ¡Y echándome un poco de menos, espero!

Para que lo sepas, yo estoy empezando hoy en mi trabajo después de unas maravillosas vacaciones, y me siento rara: por un lado añoro los días de no hacer nada, de levantarme a las mil y jugar a la consola, leer sin tener que ponerme una alarma que me recuerde que tengo algo importante que hacer, o sentarme en el sofá cerca de él, sin nada serio que decirnos, a ver una serie; por otro, siento ganas de volver al trabajo y dar lo mejor de mí, reencontrarme con compañeros, ver a mi amiga más loca, y solucionar un montón de cosas que sé, están esperándome en mi escritorio y necesitan más que nunca mi paciencia y dedicación.

Si estás pensando que esta dosis de motivación no es de la vida real, te diré que en parte se debe a que me dedico a algo que me gusta realmente, pero también a un texto que leí hace semanas y que me tiene cautivada. Como no, hablo de un cuento de Jorge Bucay que estoy a punto de compartir contigo. Te lo contaré con mis palabras para, en la medida de mis posibilidades, hacerte más sencilla la vuelta al trabajo. Lee con atención, y como siempre te digo, extrae todo lo que puedas para aplicarlo después a tu día a día. ¡Allá vamos!

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Cuentan que existía un rey, en un mundo lejano, que adoraba dedicarle tiempo a su jardín. Disfrutaba plantando diminutas semillas y viendo como, poco a poco, éstas comenzaban a crecer hasta convertirse en flores, árboles y arbustos majestuosos. Todas las mañanas regaba cada plántula, acariciaba sus hojas, y se sentaba debajo de cada árbol, maravillado por la belleza de su obra.

Pero un día, desde su ventana, descubrió que su jardín se encontraba gris y apagado. Hizo memoria, y se dio cuenta de que llevaba así semanas y no parecía estar mejorando. No podía permitir que eso ocurriera, y decidió ir a hablar con aquellos árboles y flores que se estaban dejando morir.

Se acercó al roble, y le preguntó que le ocurría. Veía sus hojas cada vez más marchitas y frágiles. El roble, apenado, le dijo que se estaba dejando morir porque no conseguía ser más alto que el pino, y que no podía permitirse vivir a la sombra de otro árbol. Entonces el rey fue a hablar con el pino, que se encontraba caído en medio de un camino. -He decidido darme por vencido – le dijo el pino -llevo meses intentando dar vino como la vid, y no soy capaz, no sirvo para nada-.

El rey fue entonces a ver a la vid, que se encontraba mustia y descolorida. Se estaba dejando morir porque no podía florecer, como la rosa, y eso la tenía obsesionada. Prefería morir a ver como otra conseguía lo que ella quería. Por último, el rey visitó a la rosa, que tenía sus pétalos caídos y mustios, y lloraba desconsolada. -Nunca podré ser tan alta y tan fuerte como el roble – sollozaba -mi vida no tiene sentido-.

El rey desesperado, siguió buscando en su jardín. Todos los árboles, flores y arbustos, parecían consumidos por el mismo mal, excepto una. Una hermosa fresa florecía más fresca que nunca.

-¿Cómo es posible que crezcas saludable en medio de este triste y sombrío jardín?- preguntó el rey.

-No lo sé, quizá porque no espero ser aquello que no soy. Cuando me plantaste, querías fresas. Si hubieras querido un roble o un rosal, los habrías plantado. Pero me plantaste a mí, porque era lo que este jardín necesitaba. En aquel momento me dije: “Intentaré ser fresa de la mejor manera que pueda”-.

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Ahora que has terminado, permítete un momento para analizar toda la información que contiene este cuento. Por un lado, habrás descubierto que resalta la importancia de ser la mejor versión de uno mismo posible. No busques ser más alto, más guapa, más rico, más “…” que los demás. Busca ser una mejor versión de ti mismo/a, y habrás logrado el éxito.

Por otro lado, el cuento nos explica cómo terminan los árboles, arbustos y flores (y lo has adivinado, también las personas) que viven comparándose continuamente con los demás. No puedes ser feliz si pretendes ser como tal o como cual persona. No eres tú y jamás alcanzarás a serlo, porque cada persona es única. En lugar de eso, busca en ti misma/o aquellas cosas que te hacen ser quien eres, y explótalas al máximo.

Si aún no has hecho nada extraordinario esta semana, es tu momento. Hazlo. Dedícate a lo que te gusta hacer y sabes hacer mejor (suelen ser las mismas cosas) y no dejes que pase más tiempo. Hazlo. Sé la mejor fresa que puedas ser, con chocolate y nata, por ejemplo! y por el camino disfruta, sobre todo disfruta. Nada habrá merecido la pena si te pierdes la sensación de felicidad entre dudas, “ysis”, miedos, y demás fantasmas que arruinan tu momento. Disfruta, hazlo, tú puedes. ¡Feliz miércoles!

www.sinhaberloplaneado.com

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