¿Es amor verdadero?

violetas

¡Buenos días!

Hoy me pongo romántica porque es viernes, y porque “love is in the air”. Hoy quiero hablarte de amor verdadero, y de cómo saber si tu relación es amor o no lo es. Voy a empezar por contarte una historia que me pasó hace 12 años, y que nada tiene que ver con el amor: iba conduciendo de vuelta a casa, con un amigo de copiloto, cuando un coche en sentido contrario me deslumbró un poco. No lo suficiente para dejarme sin visión de la carretera, pero sí  como para molestarme y dudar si darle las luces o no. Le pregunté a mi amigo si el coche de enfrente llevaba las largas, y me dijo que no. Nunca olvidaré su razonamiento: “cuando llevan las luces largas, no dudas nunca. Si dudas, es que son las cortas mal reguladas”.

Puede parecer una tontería, y probablemente no siempre sea así, pero a día de hoy sigo acordándome de eso cada vez que me encuentro un coche en sentido contrario con las luces largas dadas. Pienso “son largas seguro, no hay duda”.

Con el amor, enamoramiento, relación de pareja, pasa exactamente lo mismo: Si dudas, es que no es amor. Cuando es amor lo sabes, lo sientes, tu sonrisa te delata, tus sentidos te lo dicen, y todo tu cuerpo flota. Piensas en esa persona y sonríes con todo el cuerpo. No hay duda, es amor.

A veces tenemos relaciones que parecen amor y no lo son: pueden ser comodidad, entretenimiento, rutina, facilidad, pero no son amor. Conozco varias personas a mi alrededor que saben de lo que hablo, atrapadas en una relación fácil que no les lleva a nada. Es difícil deshacerse de algo así, porque en realidad nada va mal. El problema es que el amor no es una sucesión de situaciones en las que “no hay nada malo”, o en las que estás cómodo. El amor tiene que ser emoción, torbellino, sentimientos. No vale con que “no haya nada malo”, es que tiene que tener “todo bueno”. No quiero decir con esto que en una relación de verdad no pueda haber enfados o discusiones, o momentos peores, pero deben ser los menos.

Leí el otro día una historia que ilustra bien lo que estoy explicando. En ella contaban que Camila, una chica que vivía en un desierto, nunca en su vida había visto una flor. Se hizo con un catálogo de una tienda de flores y verduras de un pueblo cercano, y lo ojeó decidiendo qué flor encargaría para disfrutar, por fin, de sus colores, aromas y formas preciosas. La flor que más le llamó la atención fue la del cardo, aunque en el catálogo no venía su nombre, por lo que tuvo que describirla por teléfono. El repartidor llegó al día siguiente con una alcachofa. Camila no lo sabía, por supuesto, y pensó que se trataba de su flor de cardo. Respiró su aroma y no le pareció que fuese especial; esperó unos días a que saliera su hermosa flor morada, pero nada de eso ocurrió. En cambio, la alcachofa se puso más y más fea cada día, hasta que Camila tuvo que tirarla antes de que se pudriera por completo. Fue una semana muy triste para Camila, que había encargado una flor con mucha ilusión, y no entendía cómo sus familiares y amigos podían decir que una flor era algo maravilloso.

Después de un tiempo, decidió volver a probar suerte. Esta vez se decantó por una beza decorativa, y de nuevo trató de describirla lo mejor posible por teléfono. El repartidor entendió que se trataba de una coliflor, y eso le entregó al día siguiente. Camila, emocionada, abrió el paquete para observar su flor. No le pareció hermosa, ni pudo describir su aroma como “embriagador”. Estaba perdiendo la esperanza con esto de las flores. Llamó a su hermana para contarle lo sucedido, y su hermana le contestó “no sé qué eran, pero eso que me describes no eran flores. Las flores son hermosas y poseen fragancias maravillosas. Una flor es una flor siempre, no cambia. A menos que no la cuides, claro, entonces se marchita. Pero te lo aseguro: cuando veas una flor de verdad, la reconocerás sin duda”.

Unas semanas después, el repartidor al ver que llevaba días sin hacer pedido, decidió llevarle a Camila un obsequio: una preciosa violeta. Cuando abrió la cajita y observó por primera vez aquella belleza, lo tuvo claro. “Es una flor, estoy segura. Es algo único y conmovedor, su belleza es infinita, y su fragancia embriagadora”. * Cuento adaptado del original de Mar Pastor.

Con el amor ocurre lo mismo: es o no es, no hay dudas. Ahora, si crees que lo que estás viviendo es amor, disfruta muchísimo de ello y no dejes que se marchite. Si por el contrario lo que vives no es amor, piensa si te merece la pena vivir una relación a medias, que no te ofrece todo lo que el amor (verdadero) podría ofrecerte. Es tu decisión, pero está en juego tu felicidad, así que piénsalo.

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