Ley de Parkinson y productividad

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¡Buenos días!

Hoy vamos a hablar de productividad, y como no, suele ir asociada a la “pérdida sistemática de tiempo”. ¿No te ocurre a menudo que sientes que el tiempo no te cunde? A mi sí me ocurre, y es agotador porque de veras me esfuerzo en realizar todo lo que pueda en el menor tiempo posible, pero solo consigo estrecharme y sentirme mal por lo que no he conseguido terminar.

Los que llevéis tiempo leyendo sobre productividad, seguro que conocéis la Ley de Parkinson. Dice así: “el trabajo se expande hasta que termina ocupando todo el tiempo disponible para su culminación“. Si, si… Como lo lees. Significa que ese trabajo que llevas meses posponiendo y que se acumula en tu mesa, se realizará por arte de magia en el último momento, cuando te queden 15 min. de plazo para entregarlo.

Me recuerda a la universidad, cuando te ponían un trabajo con 3 meses de antelación y parecía poco. Y luego iban pasando los días, hasta el último concretamente, y tenías que dejar de dormir para poder terminar todo a tiempo y enviarlo en el último segundo del plazo de entrega. ¿Te suena de algo?

Aunque parezca el mismo demonio, la verdad es que la Ley de Parkinson puede usarse a tu favor si sabes cómo hacerlo. Y para eso estoy escribiendo este post, ¡para ayudarte!

Lo primero parece evidente: Si el trabajo va a expandirse hasta ocupar todo el tiempo disponible, acorta al máximo ese tiempo para terminar antes. Un ejemplo: Aunque tengas 7 días para preparar una reunión con tus jefes y hasta el viernes que viene tengas plazo, acorta ese tiempo convocando una reunión previa con tus compañeros para el miércoles, y decidid que llevaréis la presentación de la reunión en ese momento, para compartirla y tenerla preparada para el viernes.

Otra forma de engañarte a ti mismo es obligarte a terminar una acción antes de un determinado momento (cercano). Por ejemplo, realiza esa llamada que tienes pendiente mientras esperas al autobús, y aprovecha la llegada del mismo para cortar a tu interlocutor. O déjate de forma premeditada el cargador del portátil en casa, y así estarás obligado a terminar tu informe en 2 horas, que es lo que tardará tu ordenador en abandonarte. Queda esta tarde con tu amigo/a para exponerle tu discurso de la semana que viene. De esa forma te obligas a haberlo terminado hoy. O convoca una reunión semanal con tu grupo del trabajo de la universidad, aunque no hayáis avanzado mucho en su elaboración. De esa forma obligas a todos/as a redactar algo porque se pasa mucha vergüenza si los demás han trabajado y tú no, ¿verdad?

Si eres el jefe, ten en cuenta que esta ley afecta a tus empleados; no se trata de “apretarles” demasiado, pero sí vigilar que no se esté perdiendo mucho tiempo entre proceso y proceso. Mi método consiste en preguntar a cada uno cuánto tiempo considera que se tarda en hacer tal tarea, y pedirlo siempre con (mínimo) esa antelación, pero exigir también que esté hecho en ese tiempo. Desde que trabajamos así las cosas salen a tiempo y nadie se siente desbordado porque conoce los plazos con los que trabaja.

Por último, no te lleves nunca trabajo a casa. Tu familia no se lo merece, y según esta ley, eso no mejorará tu productividad: solo hará que le dediques tiempo a tu trabajo mientras estás en casa, pero de todas formas no lo terminarás  hasta el último momento… Por tanto, ¡no lo hagas! En su lugar, utiliza la Ley de Parkinson en tu favor y a por ello!

www.sinhaberloplaneado.com

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